Casto rayo de luna, blanco celaje;
De mis sueños de dicha vivo miraje;
Encantada, celeste, dulce armonía
Que inundas de cadencias el alma mía;
Mariposa brillante de mil colores
Que vives en la gruta de mis amores,
Donde hay mirtos y acacias, lirios y rosas,
Violetas y jazmines, tiernas mimosas;
Tú eres la palma
Bajo la cual se aduerme feliz el alma.
Eres la flor preciada de mi existencia
Que vierte en mi camino su rica esencia;
Eres el ángel puro de blancas alas
Que del candor se viste las níveas galas;
Eres maga hechicera que en luz y flores
Sabes trocar las penas y los dolores:
Cuando miro en tus ojos, que son mi espejo,
De tu amor infinito dulce reflejo,
Enamorada
Me encanto en los efluvios de tu mirada.
Siempre llega á mi oído tu dulce acento
Como tierno suspiro de manso viento;
Como arrullo de tórtola gemidora
Que en sus amantes quejas suspira y llora;
Como himno que las aves en selva umbría
Levantan á la aurora del nuevo día;
Como eólica arpa de trovadores
Que entonan en el cielo cantos de amores:
Que hay en tu acento
Las notas argentinas del sentimiento.
¡Si pudiera librarte mi amor profundo
De los negros pesares que ofrece el mundo,
Te trazara una senda de blancas flores
Donde sólo encontraras dichas y amores!
Mas si no puedo hacerte tan venturosa
Como sueña mi alma, oye amorosa
Mi voz enternecida cuando te dice:
Dios á las niñas buenas ama y bendice;
Sé siempre buena,
Y alivia del que sufre la negra pena.