¡Cuán bella está la noche! ¡Cuán bella es esta hora!
¡Cuán grato es el silencio que reina por doquier,
Cuando abatida el alma sobre el pasado llora
Y evoca las memorias dulcísimas de ayer!
La noche está tranquila, murmura blando el viento
Cual queja misteriosa con tímido rumor;
Y baña las paredes antiguas del convento
De la apacible luna el tibio resplandor.
Se escucha allá á lo lejos la voz de una campana,
Mezclarse en vagas notas del céfiro al gemir;
Contemplo tristemente sentada á mi ventana,
Las nubes que atraviesan un cielo de zafir.
Así los sueños pasan de nuestra edad primera,
Graciosos, fugitivos, cual mágica visión;
Así los arrebata la brisa pasajera,
Y ni memoria dejan después al corazón.
No sé qué vaga sombra de triste desaliento
Extiende á los objetos su velo funeral:
No sé; mas de esta noche purísima no siento
Llenar cual siempre al alma la influencia celestial.
Allá en el limpio cielo la blanca estrella brilla,
Que me ha causado siempre tan dulce sensación;
Y siento aquí una gota de llanto en mi mejilla;
Y siento que oprimido palpita el corazón.
Será que recordando el tiempo que no existe,
Fatal presentimiento me oprime á mi pesar;
Acaso es una idea desoladora y triste
Que en lo íntimo del alma se viene á deslizar.
Si nada hay en el mundo estable y duradero;
Si todo es en la tierra relámpago fugaz;
Si no hay un sentimiento tan puro y verdadero
Do el tiempo no coloque su triste huella audaz;
¿Por qué se apega siempre el alma en su delirio
De tan fugaz afecto al deleznable bien?
¿Por qué, si ha de causarle angustias y martirio,
Soñar, en su locura, de dicha bello Edén?
¿Por qué, si todo pasa, vivir de un sentimiento?
¿Hacer de esa ternura la luz del corazón?
¿Por qué, si al fin un día ha de llevarse el viento
Recuerdos, esperanzas, afectos, ilusión?
Si la inflexible mano del inclemente olvido
Estampa por doquiera su sello destructor;
Si olvida sus dolores el corazón herido;
Si olvida el alma ardiente sus goces y su amor;
¿Por qué gozar, si pasa la dicha como un sueño?
¿Por qué llorar, si agota el llanto su raudal?
¿Por qué anhelar ansiosos un porvenir risueño,
Si todo es pasajero, si nada es inmortal?
Llevada, sin embargo, de arranque irresistible,
De afectos eternales en busca el alma va.........
¡Quién sabe! Si en el mundo hallarlos no es posible,
Acaso los encuentre, por dicha, más allá.
Consolador, sereno y dulce pensamiento,
Que llena el alma toda con su divina luz,
Y aparta la honda sombra de amargo desaliento
Como la luna rompe de nubes el capuz.
Que si en el triste mundo á realizar no alcanza
El alma dolorida su noble aspiración;
Si alumbra su camino la luz de esa esperanza,
Ella le da consuelo, valor, resignación.