AQUÍ á la sombra tranquila y pura
Con que nos brinda grato el hogar,
Oye el acento de la ternura
Que en tus óidos blanda murmura
La dulce nota de mi cantar.
La voz escucha del pecho amante
Que hoy te consagra su inspiracion,
A tí que aun eres tierna, incesante,
De amor sublime, de fé constante,
Raudal que aliento da al corazon.
Mi voz escucha: la lira un día
Un canto alzarte quiso feliz,
Y en el idioma de la armonía
Débil el númen, oh madre mia,
No halló un acento digno de tí.
¿Cómo tu afecto cantar al mundo
Grande, infinito, cual en sí es?
¿Cómo pintarte mi amor profundo?
Empeño inútil, sueño infecundo
Que en desaliento murió despues.
De entónces, madre, buscando en prenda,
Con las miradas al porvenir,
Voy en mi vida, voy en mi senda,
De mis amores íntima ofrenda
Que á tu cariño pueda rendir.
Yo mis cantares lancé á los vientos,
Yo dí á las brisas mi inspiracion;
Tu amor, grandeza dió á mis acentos:
Que fueron tuyos mis pensamientos
En esos himnos del corazon.
Notas dispersas que en libres vuelos
Y á merced fueron del huracan;
Pero llevando con mis anhelos
Los mil suspiros, los mil desvelos
Con que á la Patria paga mi afan.
Hoy que reunirlas plugo al destino
Quiero que abrigo y amor les dés:
Esa es la prenda que en mi camino
Al soplo arranco del torbellino,
Y á colocarla vengo á tus piés.