Se desató la tempestad, y el cielo,
Cubierto de una nube ennegrecida,
Fué la imagen de mi alma sin consuelo,
De mi alma dolorida.
Pasó la tempestad, vino la calma,
Volvió al cielo la luz y la alegría......
¡Sólo mi pobre alma,
Después de su dolor, quedó sombría!
No teniendo á quien decirle
Las tristezas de mi alma,
—Porque es el amor primero
Secreto que bien se guarda,—
Dije al cielo, junto al río,
Mi deseo y mi esperanza;
Y las ondas que venían
Á besar la verde playa,
Respondían sonorosas:
“¡Mañana!”
Mis primeros desengaños
Á nadie quise confiar,
Pues sé que burlan algunos
El llanto de los demás.
Por eso, junto á ese río
Que á solas me vió soñar,
Pregunté á Dios si no vuelve
La ventura que se va;
Y las ondas que venían
La verde playa á besar,
Contestaron quejumbrosas
“¡Jamás!”