¡Su destino se ha cumplido!
Por eso el arpa sombría
De quien reclamar un día
La plegaria fraternal,
Viene á enviarle reverente
Sobre las alas del viento
Su mudo y trémulo acento,
Que quizá no escuchará.
El que hoy en los cielos oye
Las vibrantes arpas de oro
De los ángeles que en coro
Saliéronle á recibir,
¡Qué va á escuchar los acentos
Del pesar mudo y profundo
Que se escapa aquí en el mundo
Por los contentos de allí!
No: de Dios á la morada
Donde todo es luz y flores,
Del canto de los dolores
No llega la vibración;
Pero la oración doliente,
La lágrima fervorosa
De la hermana cariñosa
Si puede llegar á Dios!
Lloremos por él, Clotilde,
Y á su tumba solitaria
Vaya unida mi plegaria
Con tus plegarias por él.
¡Ay! aun persisten dolientes,
Como un sollozo, en mi oído
De su cántico sentido
Las tristes notas de ayer.
Sí, vibra aquí en mi memoria
Palpitante todavía
La dulce y suave armonía
De su postrera canción.
Como un suspiro del cielo
Sobre el aura estremecido,
Fué así el último gemido
Que de su lira brotó.
Fué una nota dolorosa
Con sus lágrimas prendida;
Fué el adiós de su partida,
Que sonó en la eternidad.
¡Aura muda de la tarde!
Hacia esas tierras lejanas
Ven de las tristes hermanas
Los cantares á llevar.
Ven, lleva allá los recuerdos
De los que le amaron tanto,
De sus hermanas el llanto,
De un anciano la oración;
Y del ciprés de su tumba
Sobre la copa sombría
La débil ofrenda mía
Ve á depositar, ¡por Dios!