I
Quisiera yo sentirme hoy inspirada,
Y entusiasmada derramar aquí
Versos sublimes, tiernos, espresaran
Y te pintaran
Lo que mi corazón siente por ti.....
¡Madre querida! al exhalar mi acento
Y al dar al viento mi sentida voz,
Hallo un recuerdo escrito en mi memoria,
¡Ay! cuya historia
Es triste como el eco de un adiós!
Seis años ha que, aun niña, correteaba,
Y que buscaba, alegre, en el jardín
Flores de fresco tallo, perfumadas,
Y entrelazadas
Las consagraba cariñosa á ti.
Mi padre me miraba dulcemente;
Besó mi frente lleno de emoción,
Y una lágrima tierna deslizóse,
¡Ay! y quedóse
Sobre la pura ofrenda de mi amor.
Y me dijo: «Hija mía, di á tu madre
Que de tu padre el llanto que cayó
Sobre tus flores, no es sino el recuerdo
Que vivo y tierno
Conserva de la dicha que gozó...»
Tú recibiste entonces, bondadosa,
La cariñosa ofrenda de mi amor.....
¿Quién nos hubiera dicho, madre mía,
Que aquel que hacía
Tu dicha, nos dejaba aquí á las dos?
II
¡Cuánto ha cambiado en el hogar la escena!
La dura pena tu salud ajó,
Y el antes grato y venturoso día,
Más que alegría,
Inspira ya recuerdos de dolor!.....
Cerca del lecho do sufriendo estabas,
Tú me escuchabas llena de emoción:
Yo leía la historia de una aldeana
Napolitana
Que hacía vibrar mi amante corazón.
Su madre estaba enferma: una corona
Á la Madona, tierna le ofreció.....
Por ti á la Virgen yo con ella oraba;
También lloraba
Y la voz en mi pecho se apagó.
Hoy á la tierna niña recordaba,
Y le ofrendaba, en medio mi dolor,
No una corona de lucientes rosas
Frescas y hermosas,
¡Lágrimas sólo de entusiasta amor!