Rosa, que fresca y lozana
Ayer tu brillo ostentaste,
Y con gracia te undulaste
En la cándida mañana:
Hoy ya mústica entristecida,
En tu tallo doblegada,
Poco á poco deshojada
Pronto quedarás sin vida.
Tal imagen de mis años
En tu triste suerte veo:
Antes placer, devaneo;
Después dolor, desengaños.
Y ya marchita la frente,
Siento rendirse á su ocaso
Mi existencia, paso á paso,
Del pesar que hunde á la mente.
Dime, desdichada rosa,
¿Acaso aliento profano
Tu brillo apagó temprano,
Ó de amor flecha ardorosa?
¿Ó tal vez de Febo un rayo
En tu seno penetrando,
Fué tu belleza agostando
Y dejó en total desmayo?
Rosa, has visto tu hermosura,
Como yo mis ilusiones,
Eclipsar con nubarrones
De la triste desventura;
Y una á una desprenderse
Las hojas de tu esperanza,
Que veloz el viento lanza
Á confundirse y perderse.
Pero tal vez ignorada
Habrá un aura que divina
Te llevará peregrina
Del Edén á la morada.
Y allí entre fuentes y flores
De una eterna primavera,
Serás, feliz, la primera,
Y olvidarás tus dolores;
Mientras lágrimas yo ardientes
Verteré siempre abatida
En el yermo de mi vida,
Lejos de flores y fuentes.
Y terminaré mi senda
Sin que una queja sentida,
Ni una brisa apetecida
Á mi sepulcro descienda.
Rosa, escucha una plegaria:
Si de esos lindos vergeles
De azucenas y claveles,
Ves mi huesa solitaria;
Entonces en dulce calma
Enviarás hacia mi losa
Soplo de tu aura olorosa,
Ó de tu gloria una palma.