Entre sus dedos la gentil María,
Tal vez por distracción,
Con maldad inconsciente fué estrujando
Las hojas de una flor.
Y cual la noble víctima que cae
Otorgando al verdugo su perdón,
La flor entre sus dedos fué dejando
Aroma embriagador.
Después, el viento, de la pobre rosa
Las hojas dispersó,
Y en el viento también quedó impregnada
La esencia de la flor.
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Yo conozco en el mundo muchas almas,
Que como aquella flor,
Encuentran una mano despiadada
Que mata su ilusión,
Y dejan en la mano que las hiere
La esencia de su amor.
Después, el mundo, que del alma herida
No tiene compasión,
Con sangrientos sarcasmos escarnece
Y aumenta su dolor;
Y al rodar esparcida por la tierra
La flor de su ilusión,
Va esparciendo en el mundo que la ultraja
La esencia de su amor.