¡Al fin te vuelvo á ver! ¡Apresurado
Palpita el corazón!
Pero por Dios que á comprender no acierto
Si late de dolor,
O si el placer que siento al divisarte
Me llena de emoción.
¡Qué encanto tiene siempre para el alma
El pueblo ó el lugar do se nació!
¡Tanto tiempo hace ya que no te veo,
Que acaso nuevo á contemplarte voy!
¡Con qué placer extraño se retorna
Al lugar en que há tiempo se vivió!
Extraña mezcla de esperanza y duda,
De gozo y de temor;
Afectos que se avivan en el alma,
Imágenes que evoca el corazón:
El rostro del antiguo conocido
Que deslizarse nuestra infancia vió;
Las sinceras caricias de nuestra aya
Que nos aguarda con materno amor;
La pequeña casita do nacimos,
El templo, el panteón;
La imagen del amigo que no existe,
De la choza que el tiempo destruyó;
De la hojarasca seca del camino
El triste melancólico rumor,
Que parece pedir algún recuerdo
Para el árbol que el tiempo derribó,
Dejando á nuestra vista el hondo hueco
Que nos hace sentir vago terror:
Del ayer á los pálidos reflejos
Apareciendo los ensueños de hoy
Mezclados con las nieblas del mañana
En vaga confusión.........
Con estos pensamientos mi mente preocupada;
Con estos sentimientos henchido el corazón,
En una de tus cuestas, mi Teapa idolatrada,
Paréme á contemplarte con grata admiración.
Risueño se mostraba tu blanco caserío;
Altivas las montañas que forman tu dosel;
Hirviente y espumoso el turbulento río
Que en su altivez se inclina para besar tus piés.
¡Delirio de mi mente sería si intentara
Pintar tus atractivos, encantador Edén!
¡Los ricos atavíos que el cielo te donara
Perdieran sus encantos impresos en papel!
Mirando tus llanuras, tus bosques, tus colinas;
Las fuentes caprichosas que surgen por doquier,
Á veces deslizando sus ondas cristalinas
Que remedar parecen murmullos de placer;
Á veces despeñadas de montes majestuosos
En forma de cascadas de atronadora voz,
Los hijos de tu suelo se sienten orgullosos
Y en tu grandeza aprenden á conocer á Dios.
Si de extranjero suelo cansado caminante
Acierta por acaso á entrar en tu pensil,
Se pára sorprendido y sueña delirante
Mirar en tus mujeres lindísimas hurís.
Los lirios y las rosas que bordan tus orillas
Tiñeron sus semblantes de nácar y arrebol,
Y llevan en sus almas ardientes y sencillas
Lo puro de tu cielo, el fuego de tu sol:
Del sol á cuyos vivos y fúlgidos destellos
Tus mágicas mujeres formáronse quizá;
Que tienen como Febo dorados los cabellos,
Y luz en las miradas dulcísimas que dan.
Cual ave peregrina que vuelve á sus riberas
Tan sólo unos momentos su nido á contemplar,
Cual rápidos ensueños, fugaces y ligeras
Las horas en tu seno he visto deslizar.
Recibe, pueblo mío, mi tierna despedida:
Acaso á verte nunca mis ojos volverán;
Mas llevo de tal modo tu imagen esculpida,
Que el tiempo, la distancia, jamás la borrarán!
Perdona si á mi pena se mezcla la alegría:
Tú sabes que si llevo recuerdos de amistad,
Más fuertes que esos lazos de dulce simpatía,
Me atraen desde lejos los lazos del hogar!
Acaso Dios ha dado una alma á tus praderas;
Tal vez á tus montañas sensibles hizo Dios;
Acaso han recogido las lágrimas postreras
Con que volví los ojos para decirte adiós.
No encuentro ni una frase que exprese lo que siento:
Los labios enmudecen cuando habla el corazón.
Recibe mis suspiros envueltos en el viento;
¡El cielo te bendiga, mi Teapa; adios, adios......!