Yo descifraba mundos de ventura
En el fulgor de su pupila ardiente,
Su bella faz y su inspirada frente,
Y su sonrisa juvenil y pura.
Pero se ahogó mi dicha en amargura
Al contemplarla en actitud doliente,
Y de copioso lloro entre el torrente
Apagada su fúlgida hermosura!
Ya se anubló la luz de aquellos ojos,
Astros de amor y focos de alegría!
Y al escuchar quiméricos antojos,
Su voz enronquecida me decía:
«Todo se cambia en sinsabor y enojos!
¡Qué catarro tan grande, Virgen pía!»