Ven pastora idolatrada
Vente del mar á la orilla
Y tendrás en mi barquilla
Mil delicias que gozar;
Verás la esplendente luna
Cuán hermosa se retrata
Formando jaspes de plata
En las espumas del mar.
Verás el inmenso oceano
Y el cielo azul estrellado,
Y cuando hayas contemplado
Cuanto existe al rededor,
Sabrás que mi triste pecho
Se halla de tu amor sediento,
Comprenderás mi tormento
Y aliviarás mi dolor.
Ven que mi mente delira
Con mil sueños de ventura,
Ven, hermosa criatura
No te separes de mí;
Porque harto tiempo he sufrido
Y harto tiempo contemplado
Que sólo estoy destinado
Á amarte con frenesí.
Rodeada de tus ovejas
Te miré tan hechicera
Que si siempre así te viera
Fuera mi felicidad;
No te muestres desdeñosa
Indiferente, ni fría,
Pues por ti, pastora mía,
Perdí mi tranquilidad.
Me enajenó tu sonrisa,
Me trastornó tu mirada,
Y por lo tanto, adorada,
Sé consecuente á mi amor;
Deja pues, al fin, el bosque,
El ganado y la pradera,
Deja todo placentera
Por seguir al pescador.
Que allá en las noches serenas
En el silencio, apartados,
Dichosos, aunque ignorados
Para siempre hemos de ser;
Y en aquellas gratas horas
Que merezca tus caricias
Me colmarás de delicias,
Incomparable mujer.