Allá en espeso monte,
Oculta por las copas
De los frondosos árboles,
Salió una flor ignota.
Viendo pasar felice
Su vida silenciosa,
Bajo el ramaje espeso
Que le brindara sombra,
Siempre en tranquila calma
La brisa sorprendióla,
Y con cariño blando
Acarició sus hojas.
El tierno pajarillo
En armoniosas trovas
Cantóle sus amores
A la flor orgullosa.
El aura enamorada
Y la naciente aurora,
Rindiéndole tributo
La pusieron en boga;
Mas ella muy altiva,
Con su voz desdeñosa
Dijo un día á los árboles
Viendo sus altas copas:
¿Por qué tenerme siempre
Presa en obscura sombra
Sin admirar los rayos
De ese sol que colora,
Anima y vivifica
Cuanto la tierra abona?
¿Por qué ocultáis mi tallo
Bajo esas densas hojas?
¿Acaso por envidia
Me escondéis silenciosa?
Respóndenle los árboles
Á la flor habladora
Con muy buenas razones,
Y ella á consejos sorda,
Sigue su charla osada
Y siempre presuntuosa;
Hasta que al fin, rendidos
De escucharla, sus copas
Separan con cuidado
Dejando á la flor sola.
Entonce el sol ardiente
Que todo lo devora,
Tostó su débil tallo
Y marchitó sus hojas.
Así siempre sucede
¡Oh queridas lectoras!
Á aquellos que desprecian
Máximas provechosas.