¿Quién eres, dónde habitas,
Flor misteriosa,
Que como la violeta
Buscas la sombra?
Sólo adivino
Tu aroma delicado,
Sin percibirlo;
Como en las verdes ramas
Del tamarindo,
Por las menudas hojas
Aunque escondido,
Si canta el toche,
Las dulcísimas notas
Distintas se oyen.
¿Quién inspira tus cantos,
Tierna avecilla,
Ó de qué fuente bebes
Tus melodías,
Que me deleitan
Como el grato perfume
De la verbena?
Como sobre su tallo
Tiembla la espiga,
Cuando la agita el soplo
De inquieta brisa;
Así se infecta
Mi corazón sensible
Con tus endechas.
¿Dices que son tus flores,
Flores silvestres?
Si que lo son: lo dice
Lo que trascienden;
Porque en la selva
Es donde más se esconde
La rica esencia.
Todo lo que es agreste
Me toca el alma,
Como el amante arrullo
De la torcaza,
Bajo los mirtos
Cuando al cerrar la noche
Busca su nido.
Y si mis bellos bosques
Tú conocieras,
Donde lozanas crecen
Palmas y ceibas,
Encontrarías
Tan poéticos temas
Para tu lira!
Bajo los pabellones
De enredaderas,
Donde los tominejos
Revolotaen,
La miel fragante
Extrayendo á las flores
De entre sus cálices;
¡Qué bien se siente el alma!
¡Cuánto se goza!
¡Cómo trascurre el tiempo
Hora tras hora,
Mientras se olvidan
Del mundo las miserias
Y las fatigas!
Sigue cantando, Rosa,
Canta y celebra
Todo lo que es cantable:
Virtud, belleza,
Las maravillas
De Dios, que nos confunden
Y nos humillan.
En el conjunto vasto
Del universo,
Cada ser, cada cosa
Llena su objeto:
El sol alumbra,
Y su luz la refleja,
Suave, la luna;
Cantan los pajarillos,
Zumba el insecto,
Y murmuran las aguas,
Y gime el viento;
La flor encanta;
Lucha y domina el hombre:
La mujer ama.
Pero en ti se revelan
Múltiples dotes:
Susurras, cantas, gimes
En tus canciones! —
Pues que tus cantos
Tanta riqueza brindan,
Sigue cantando.