Y conozco un albergue allá en la loma
Que desciende al nivel del Uruguay,
Donde las plantas de silvestre aroma,
Se abrazan con las ramas del yatay.
Pláceme allí vivir: el alma mía
Necesita expansión y soledad:
¡Ay! lejos ya del mundo y su alegría,
Mil veces más dichoso, así sería,
Mi amante corazón!
Que allí... á la puerta de mi pobre choza,
Bajo la sombra de la verde palma,
Rodeada de mis hijas, cariñosa,
Cual del labriego la feliz esposa,
Te esperaría yo!
Que allí... bajo silvestre enredadera,
Formando leda bóveda de flores,
Veríamos la pálida viajera,
Como un globo de nácar á la esfera
Bañar de tenue luz.
Y otras veces, surcando en la barquilla
El azulado cauce del arroyo,
Reclinada tu sien en mi rodilla,
Tu sien besara, donde el genio brilla,
Y así fuera feliz!
Y allá en la noche... cuando todo expira....
Cuando las olas y las selvas callan,
Yo pulsaría mi amorosa lira:
Y en esa soledad, que al alma inspira,
Sonara mi cantar.
¡Quiero aire, quiero luz y un sol fulgente.....
Silencio y soledad y alegres campos.....
Y alzando allí mi pudorosa frente,
Cantara el fuego de mi amor ardiente,
Que solo sé yo amar!